King’s Field IV es un videojuego único en el catálogo de su consola. Un dungeon crawler en primera persona, con movimiento lento y sin actuación de voz. Y lo es porque los desarrolladores de su estudio, FromSoftware, tenían claro qué clase de juego querían hacer, sus influencias siendo tan de nicho como el juego que terminarían creando: la evolución lógica de los 4 dungeon crawlers anteriores que desarrollaron en Playstation.

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King’s Field IV, es, ante todo, un juego de exploración: los elementos de rol son ignorables las más de las veces, tu personaje sube automáticamente sus atributos al mejorar su nivel y no hay opciones de diálogo al hablar con NPCs. La acción existe pero se basa más en el posicionamiento y en tu habilidad para no ceder el espacio que controlas que en tus reflejos.

Sí, no hay opciones de diálogo al hablar con NPCs: sólo te cuentan lo que conocen del mundo y te dan consejos que más te vale tener presente en el futuro. No subes de nivel, así que te fijas más en los atributos que te otorgan los diferentes objetos que vas encontrando en tu aventura. Y el combate es mucho más táctico: te tardas 4 segundos eternos en dar la vuelta, así que te vales de tus otros sentidos para poder ubicar a cada enemigo y realizar decisiones de posicionamiento que minimicen el daño que recibirás.

A diferencia de muchos juegos de exploración siempre presentes en el canon, como Super Metroid, cualquier The Legend of Zelda o los Castlevania post-symphony of the night, King’s Field IV busca que el jugador realice arqueología en un mundo digital. No es para menos, el título de este juego en norteamérica fue King’s Field IV: The Ancient City.

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Y en la arqueología se premia principalmente la observación: en un cuarto podrás ver, a través de una ventana, una celda aparentemente inaccesible, lo cual te dice que es muy posible que no haya forma de entrar a ella siguiendo algún otro camino desde fuera. Al salir de este cuarto, puedes posicionarte en frente del muro de esta celda. Así que el que es observador tal vez sospeche la existencia de una puerta escondida.

En otro escenario, estarás en una atalaya con una vista a la próxima zona del juego, The Mansion of Howling Winds, conectada a tu ubicación actual mediante un puente. A través de esta vista puedes notar un camino inferior al borde del acantilado donde termina el puente. Al cruzarlo, el sendero que viste mientras estabas en la atalaya parece haber desaparecido, debido a los ángulos restrictivos de la cámara, pero sabes que está ahí.

Y King’s Field IV premia la exploración del jugador observador con, sí, ítems, pero también con más zonas a las que explorar: nunca estarás perdido, al menos no en el mal sentido, siempre habrá un camino que no has tomado con anterioridad.

Todo en King’s Field IV converge para que te familiarices con y te hagas un proyección mental del mundo que te presenta. Los mapas son muy básicos (no esperes algo como esto) y siempre está la posibilidad de que no los encuentres en tu partida.

El sistema de viaje rápido, por su parte, te obliga a tomar una decisión que pocos juegos te dan a tomar: a donde poder teletransportarte. Si puedes teletransportarte a cierto punto, entonces no podrás viajar a otros, no mientras ese punto particular esté activo. Esto a la postre te obliga a tener presente la ubicación de cada punto de teletransportación: los caminos que llevan a ellos y qué zonas les son cercanas.

Todas las áreas que visitarás están conectadas entre sí de manera lógica, con la torre de la ciudad antigua como punto central y sin ninguna pantalla de carga de por medio (ni siquiera cuando haces uso del viaje rápido): King’s Field IV con todo esto logra que puedas realizar esa proyección mental de su mundo.

Y esa proyección representa un sitio plausible en donde realizar arqueología: hay un aura decadente que permea cada cuarto en el que entras, lo que en antaño fue una ciudad sagrada donde habitaban distintas razas con distintos oficios es ahora su propio abismo, plagado de seres hostiles y, que, al entrar, todo, desde la atmósfera hasta los diálogos con los NPCs, te convencerá de que tendrás que aceptar tácitamente que muy probablemente no volverás a salir, o que al menos, regresar el Idol of Sorrow a su sitio de descanso no será sencilo, como atestigüó la expedición que intentó hacer eso antes que tú.

King’s Field IV mantiene una atmósfera y un cuidado al detalle pocas veces visto desde su año de salida. Al superar la ciudad que te presenta, devolviendo el tótem de desgracia que asola el reino y asesinando al dios oscuro que sumió en la oscuridad lo que en otrora fue tierra sagrada, no dejarás de pensar en las criptas, fundiciones, bosques y burgos que encontraste en King’s Field IV, o eso espero, porque es lo que sin duda me pasó a mí.